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Martes, 13 de octubre de 2026
Energía y recursos de América Latina
Análisis del díaRed eléctrica

Chile fija 20 medidas tras su apagón mientras Ecuador suma potencia de emergencia

Ilustración generada por IA para: Chile fija 20 medidas tras su apagón mientras Ecuador suma potencia de emergencia
Imagen generada por IA

El apagón del 25 de febrero de 2025 dejó sin electricidad al 98% de la población de Chile. Ese dato marca el punto de partida de un sistema que todavía cuenta las consecuencias: Olmedo señaló que la causa basal fue la operación de la línea de transmisión de Interchile de 500 kV, el evento que gatilló la secuencia posterior. La respuesta institucional cerró con 20 medidas, tanto internas del Coordinador Eléctrico Nacional como orientadas a las empresas coordinadas. Un solo elemento de la red de alta tensión bastó para arrastrar al conjunto del sistema, y la corrección se definió en términos de procedimientos y vigilancia, no de nueva capacidad.

Ese contraste importa cuando se lo mira junto al otro extremo del problema. Donde la falla de 2025 fue un colapso súbito propagado desde la transmisión, la tensión que hoy enfrenta otro sistema andino es de insuficiencia de oferta, y la respuesta pasa por sumar megavatios de forma acelerada. Celec inició el traslado de 52 motores alquilados que aportarán 45 MW de potencia a la central Santa Elena, en Ecuador. El recurso alquilado como vía rápida describe un sistema que necesita potencia antes de lo que permite construir generación propia.

Dos formas de fragilidad, dos remedios distintos

En paralelo al alquiler de motores, el mantenimiento mayor de dos unidades de la central Jaramijó permitirá recuperar 14,32 MW. La central térmica Manta II tiene una potencia de 20,4 MW mediante 12 unidades, de las cuales 11 están disponibles y entregan energía al Cenace. La suma de estos frentes dibuja una recomposición de oferta repartida entre capacidad alquilada, recuperación de unidades existentes y disponibilidad parcial de parques ya instalados.

La red de transformación acompaña ese esfuerzo. La ampliación de la subestación de transmisión Manta 2 elevará su capacidad de transformación de 33 MVA a 100 MVA, una obra que beneficiará a más de 222.000 habitantes y a la zona industrial. Triplicar con holgura la capacidad de una subestación apunta a un cuello de botella que no está solo en la generación, sino también en la entrega de la energía producida en la zona.

La contradicción aparece cuando a esa suma de potencia se le añade una interrupción en la cadena de hidrocarburos. La petrolera estatal ecuatoriana Petroecuador suspendió de manera imprevista las operaciones del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano tras un incendio en una estación de bombeo de Napo. Un sistema que corre a recuperar megavatios y a ampliar transformación enfrenta, al mismo tiempo, una suspensión en el transporte de crudo, es decir dos frentes de infraestructura exigidos a la vez.

Quién queda expuesto

Los más de 222.000 habitantes y la zona industrial que dependen de la subestación Manta 2 son los destinatarios directos de la ampliación en curso, y su margen de servicio depende de que la obra avance al ritmo con que se sumen los 45 MW alquilados. El Cenace, que recibe la energía disponible de Manta II, administra un balance donde cada unidad recuperada en Jaramijó y cada motor instalado en Santa Elena cuentan para cubrir la demanda.

Si el transporte de crudo suspendido por Petroecuador se prolonga, la presión sobre el sistema eléctrico que ya recurre a motores alquilados no se aliviaría por el lado de los combustibles. Las dos situaciones comparten una lección de orden de magnitud: en un caso un solo activo de 500 kV derribó el suministro de casi toda la población; en el otro, la recomposición de la oferta se arma con bloques pequeños, de 14,32 MW y 20,4 MW, que deben sumarse para alcanzar los 45 MW de un solo refuerzo alquilado.

El contraste entre una respuesta hecha de 20 medidas de procedimiento y otra hecha de motores, mantenimientos y ampliación de subestación muestra dos diagnósticos distintos sobre qué parte de la red falla. La señal observable que conviene seguir es doble: si la ampliación de 33 MVA a 100 MVA entra en servicio según lo previsto y si la operación del oleoducto se restablece tras el incendio. Mientras ambas obras sigan en curso, el margen del sistema permanece ajustado.

Fuentes